domingo, 6 de mayo de 2012

Salomé de chacra



por Juan Manuel López Baio
06.mayo.2012

In media res, exclama el Gruinguete a viva voz al comenzar la obra. Voz viva y extraña, nasal, temblorosa, con grumos, como si la faena cruenta del peón, ejecutada sin descanso, se hubiera consustanciado con su ser al punto de chorrearse por sus entonaciones y movimientos espasmódicos. In media res, dice, y en una frase tan simple sintetiza la feraz transposición de la tragedia bíblica a la pampeana, de la res filosófica a la bovina. Corifeo que prologa la acción para inmediatamente tomar parte decisiva en mitad de la cosa.

¡Y vaya cosa! Los pesados portones de chapa de esta chacra de perturbado ensueño son abiertos por el Gruinguete para presentarnos a Herodes, el chacarero, Cochonga, su mujer y viuda de su finado hermano el Aaroncito, y Salomé, la hija de Cochonga y sobrina de Herodes, recién llegada al lugar. Y al abrirse los portones lo primero que salta y se zambulle directo en nuestras retinas es la filigrana cromática de una escenografía que abreva en los matices herrumbrosos y oscuros del fierro viejo y el despliegue de saturados rojos, azules y amarillos propio de la santería popular gauchesca, construyendo con una miríada de objetos y detalles el enclave donde la hybris, ardiente flor de una noche, puede aparecer.

Pronto se descubre que hay un personaje más en esta historia, un personaje que literalmente nunca ve la luz. Se trata de Bautista, el anarquista agitador encerrado por Herodes en el fondo del aljibe que ocupa el centro de la escena, como castigo ejemplificador y advertencia admonitoria para los demás contra la portación de ideas disolventes. Bautista lanza su voz de trueno desde el fondo del pozo, y hace temblar los fundamentos de la chacra y de toda la casta social de Herodes y su familia. En torno a este hombre nunca visto, pero ciertamente escuchado, gira fatalmente la suerte de los personajes de cuerpo presente.

Con esta pieza Kartun completa una terna de obras que se vinculan temática y epocalmente (iniciada por El niño argentino y seguida por Ala de Criados), donde dramatiza con gran vuelo poético las raíces modernas del devenir histórico y sociopolítico de nuestro país. Más allá de esta familiaridad esencial, ciertas continuidades de interés se establecen especialmente con Ala de criados. La circunstancia central en Salomé, el anarquista encerrado en el fondo del aljibe y obligado a memorizar la Constitución Nacional por democrática prescripción de Herodes, es el desarrollo, reformulado, de una anécdota que Emilito cuenta al pasar en el último acto de Ala de Criados. Pero más allá de esta cita autorreferencial, podemos pensar que en Ala... la anti-heroína Tatana tiene visos de escritora, y el despliegue del mundo de la obra se articula en torno a su necesidad impostergable de producir un relato. Su relación con Pedro, el enérgico “cuentapropista” al servicio de la familia, se basa en la provocación, en el ansia de una acción contundente que nadie más es capaz de brindarle; y deriva en una dinámica de acontecimientos perversos y excitantes que finalmente escapan al control de Tatana y a su capacidad para narrativizarlos. En la obra presente, Salomé es una lingüista, formada y cultivada en las Europas (como Tatana), que palpita con ávida fascinación al chocarse contra la soberbia e inhoradable barricada retórica del ácrata (mecanismo hermenéutico infalible del Ideal Libertario, que escupe una blasfemia, gargajo cáustico e inapelable para cada decadente tradición burguesa: Dios, la familia, la herencia, el trabajo asalariado). Salomé se fascina con la escucha, necesita poseer ese discurso prepotente, penetrar la cabeza que lo produce y profiere, y enseñorearse allí dentro. Podría pensarse que Salomé y Tatana son dos caras de una misma oscura moneda, la una el negativo de la otra: súcubos de apetito diverso, elevado pero no por ello menos oligarca en su voluntad de dominio y posesión, que termina por desencadenar el inexorable ritual de la violencia.

Con estos elementos y un texto furiosamente poético, donde casi cada palabra y cada giro son un látigo restallante de formas y sentidos, el trabajo de los intérpretes deslumbra a cada momento, siempre a la altura del desafío y trascendiéndolo para dotar a la machina teatral de una vitalidad desbordante y única, atravesados y transformados por la tesitura brutal del dispositivo, en el filo entre la bufonada y el horror de la tragedia.

Como telón de fondo, las reiteradas miradas y alusiones verbales al afuera (en dirección a la platea) constituyen en el horizonte imaginario el campo donde la peonada pasa el ganado a degüello para después cocinarlo en apoteótica parrillada, marcando el paso del tiempo al pulso del más antiguo y poderoso rito criollo: el asado. Un rito hiperbólico, desmesurado en boca de Herodes que se regodea en su contemplación y barroca descripción; sacrificio en abundancia de carne y de fuego que reverbera en la imaginación de los espectadores, hasta casi poder ver el carmesí refulgente de las brasas reflejado en los ojos de los personajes.

Bautista el Anarquista, semilla insurrecta sembrada en el pozo del aljibe, hace brotar sus tallos en el mascullaje inconforme de esta peonada inquieta, soliviantando los ánimos y asolando los nervios de Cochonga, que madura su propio desquite, afilando con siniestra fruición sus palabras y sus intenciones. Llega el tiempo propicio para la siega, para la retribución. Y habrá cosecha de sangre.

Ficha técnica

Duración: 100 minutos
Autoría: Mauricio Kartun
Actúan: Stella Galazzi, Osqui Guzmán, Lorena Vega, Manuel Vicente
Vestuario: Gabriela A. Fernández
Escenografía: Norberto Laino
Iluminación: Alejandro Le Roux
Diseño sonoro: Tian Brass
Asistencia artística: Lorena Ballestrero, Gabriela A. Fernández
Supervisión coreográfica: Luciana Acuña
Dirección: Mauricio Kartun

Temporada 2012
Viernes 21 hsSábados 20 hsDomingos 20 hs
Teatro del Pueblo
Av. Roque Sáenz Peña 943 – CABA (Mapa)
Teléfono: 4326-3606
Entrada: $70 (descuento p/ estudiantes y jubilados: $40)

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