sábado, 14 de abril de 2012

Sudado


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por Juan Manuel López Baio
14.abril.2012

Es un saber difundido que cada aspecto de la labor implicada en el montaje de una obra de teatro constituye generalmente un arte en sí mismo (texto, iluminación, escenografía, sonorización, son especificaciones de otras tantas artes). Pero es notorio cómo el espacio, la configuración del espacio según la división escena-platea y la construcción, en el ámbito del teatro, de ese otro ámbito que la ficción convoca (a través de cuanto artificio la dirección pueda pergeñar), tiene una relevancia especial a la hora de predisponer al público para comerse un viaje, como suele decirse.

En este sentido la obra dirigida por Jorge Eiro se destaca por la inspirada apropiación del subsuelo de la sala Beckett, donde se lleva a cabo la representación. El restaurante peruano en remodelación donde transcurre la acción se nos figura casi sin esfuerzo ni bien pisamos el primer peldaño de la escalera al son de los martillazos, las sierras y el entrechocar de las chapas. El efecto se completa con la escenografía y la iluminación, ambas muy bien logradas y que, atentas a la dimensión del lugar y a la dinámica del relato, conforman sin fisura el espacio de trabajo donde una historia como la que vemos puede suceder.

¿Y qué historia vemos? Una mínima, una de tantas, el destino rutinario de tres hombres vinculados por lo laboral: Alejo, hijo del finado dueño de la constructora, devenido jefe de Ricky y Lalo, los obreros a su cargo, argentino uno, peruano el otro. La historia entrelazada de sus afectos, de sus envidias, de sus prejuicios, y de sus sueños, aparece en boca de los personajes como fragmentos de relatos que marcan el ritmo de la jornada de trabajo, y no necesita de mayores explicaciones para que se haga carne en nosotros, porque está desde antes presente en el gran trabajo actoral de los intérpretes (Facundo Aquinos, Julián Cabrera y Facundo Livio Mejías). Ellos nos ofrecen composiciones precisas y sensibles, y un trabajo grupal en el que la escucha y el juego de las tensiones cargan de sentido cada gesto y cada silencio.

Con todo esto compone el director un fresco donde las miserias cotidianas brillan con su belleza triste, y donde la nostalgia de lo no vivido, del anhelo que no se nombra, tiene lugar en el espacio idílico que se invoca, súbito, en un preciso instante en que las luces se apagan y el pasado más arcáico irrumpe en la sala como línea de fuga hacia lo sagrado, lo mágico, lo perdido.

Sudado juega al borde del estallido, tan caro al teatro porteño, que arrastra las situaciones por fuera de los límites del verosímil realista (o las empuja, cuando opera como procedimiento trillado u ocurrencia estéril). Pero no cruza ese borde, y le agradecemos lamesura, porque la tensión que nace de este equilibrio inestable potencia la eficacia poética del relato escénico, que teje el vínculo entrañable entre los personajes y sus derrotas con sutileza no exenta de intensidad.


Ficha técnica



Duración: 60 minutos
Autoría: Facundo Aquinos, Julián Cabrera, Belén Charpentier, Jorge Eiro, Facundo Livio Mejias, Paul Romero
Actores: Facundo Aquinos, Julián Cabrera, Facundo Livio Mejías
Vestuario: Paola Delgado
Diseño de iluminación: Eduardo Pérez Winter y Adrián Grimozzi
Escenografía: Estefanía Bonessa y Paul Romero
Fotografía y Prensa: María Sureda
Diseño gráfico: Isa Crosta y Sonia Basch
Productora asociada: Rosario Alfaro
Asistencia artística: Paul Romero
Asistencia de dirección: Belén Charpentier
Asesoramiento Dramatúrgico: Ignacio Bartolone
Dirección: Jorge Eiro

Temporada 2012
Viernes 23.15 hs
El Camarín de las Musas
Mario Bravo 960CABA (Mapa)
Teléfono: 4862-0655
Entrada: $60 (descuento p/ estudiantes y jubilados: $40)

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